Las Hogueras son las fiestas de Alicante, sin más. Si eres de aquí, sabes perfectamente de qué hablo: esa semana del año en la que la ciudad entera se echa a la calle, huele a pólvora y a churros, y nadie duerme más de cuatro horas… y tan contentos estamos.
La tradición viene de antiguo: quemar lo viejo con la llegada del solsticio de verano, el día más largo del año. Arranca oficialmente el 20 de junio y se alarga hasta el 29, aunque la verdad es que desde semanas antes ya se nota el ambiente.

Construcción de los monumentos
Por toda la ciudad se plantan más de doscientas hogueras: monumentos enormes de cartón piedra, llenos de sátira y arte, que se pasan meses construyendo para arder en una noche. Y eso es precisamente lo bonito.
Cada hoguera es también una comunidad de vecinos, una pandilla de barrio que se organiza para montar su comisión. Sus miembros se llaman foguerers y foguereras, y cada año construyen su monumento desde cero. La plantá —cuando se coloca la hoguera en la calle— es la noche del 19 al 20 de junio, y al día siguiente un jurado pasa a valorarlos y repartir premios.
En la ciudad de Alicante, encontramos un número de 98 hogueras, cada una construye un monumento cada año.

Barracas
Aquí es donde se vive la fiesta de verdad. Las barracas son recintos vallados que cada comisión monta en su barrio: mesas, sillas, barra libre y música. Las mesas son para los socios, pero la entrada es libre para todo el mundo, así que si pasas por delante, entra sin miedo y tómate algo.
Luego están las barracas populares, que son otro mundo: abren por las noches y traen conciertos en directo. Perfectas si quieres movida hasta las tantas.

Música
La Comunidad Valenciana y la música van de la mano, y en Hogueras eso se nota. Cada hoguera contrata su propia banda, así que por las calles de Alicante hay cerca de 2.000 músicos desfilando. Los pasacalles son constantes: dos o tres veces al día una banda recorre el barrio, la gente se suma, y la calle se convierte en una fiesta improvisada. Es imposible no engancharse.
Estos “pasacalles” consisten en recorrer las calles de la ciudad con una banda de música para visitar las hogueras de barrios vecinos o por el simple hecho de pasear por medio de una avenida, cantando y bailando.
La plantá
Por la noche del día 19 y durante el día 20 de junio se coloca en cada distrito fogueril alicantino la hoguera, que será presentada a concurso según su categoría. Al día siguiente, un jurado evaluará cada hoguera, para después poder otorgar los premios a las ganadoras. La fiesta de las hogueras comienza oficialmente este día, en el cual también se instalan las “barracas” de cada comisión.
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La cremà
La noche del 24 de junio es la noche. A las 12 en punto, desde el Castillo de Santa Bárbara se lanza una palmera de fuegos artificiales que da la señal: empieza la cremà.
Una a una, todas las hogueras arden. Esos monumentos que llevan meses en pie desaparecen en minutos entre llamas. Es un espectáculo impresionante, y a la vez tiene algo de emotivo que cuesta explicar si no lo has vivido. Los bomberos están por todas partes controlando la quema y, de paso, lanzando agua a la gente para aliviar el calor. Porque vaya calor que hace.

La mascletá
Cada día, de 18 al 24 de junio, a las 2 de la tarde, la plaza de los Luceros se llena de miles de personas para la mascletà. No son fuegos artificiales al uso: aquí el espectáculo es sonoro. Sientes los truenos en el pecho, en los pies, en todo el cuerpo. Cada disparo lleva un ritmo, una cadencia. Cada día la dirige una pirotecnia diferente y la competencia entre ellas es feroz.
Si nunca has vivido una mascletà, es difícil de describir, solo hay que venir. Personalmente no es mi evento favorito de las fiestas pero debo ser la única alicantina que no le ha pillado la gracia.

Fuegos artificiales
Para cerrar las fiestas, del 25 al 29 de junio, a medianoche, la playa del Cocó se convierte en el mejor sitio de Alicante. Los fuegos se lanzan hacia el mar, el reflejo en el agua los dobla, y la ciudad entera se asoma al paseo para verlos. Es el broche perfecto para una semana que, como siempre, se hace corta.
