La próxima vez que pasees por la Gran Vía de Madrid, prueba a hacer algo que casi nadie hace: mira al suelo. Entre cientos de pasos y el ruido de una de las calles más famosas de la ciudad se esconden dos misteriosas flechas. Si sigues su dirección y después levantas la mirada, descubrirás una historia de dioses, amor, celos y venganza escondida entre los tejados de Madrid.
A la altura del número 32, frente a la tienda Primark, hay dos flechas grabadas directamente en el suelo de la acera. Cada una mide aproximadamente un metro y, aunque pasan bastante desapercibidas entre el ir y venir de los peatones, no están colocadas ahí por casualidad.

Para descubrir qué significan hay que seguir la dirección que marcan y, sobre todo, levantar de nuevo la mirada.
Justo enfrente, en el número 31 de la Gran Vía, se encuentra el Hotel Hyatt Centric. En lo alto del edificio, a unos cuantos metros sobre nuestras cabezas, aparece una enorme figura dorada: Diana Cazadora, la diosa romana de la caza.
La escultura, instalada en 2017, mide unos cinco metros de altura y pesa alrededor de 900 kilos. Está representada con un arco en las manos, preparada para disparar, y acompañada por cinco perros. Es difícil no fijarse en ella cuando se sabe que existe, pero lo más curioso es descubrir hacia dónde está apuntando.

Sus flechas imaginarias atraviesan la Gran Vía y apuntan directamente hacia la azotea del edificio de enfrente, donde encontramos otra figura mucho más antigua: un enorme Ave Fénix que lleva sobre su lomo a un joven.
Y aquí empieza la historia.
Una historia de amor, celos y secuestros
El joven que aparece sobre el Fénix es Endimión, un pastor del que Diana se había enamorado. Según la historia creada para explicar estas esculturas, la diosa bajaba cada noche de la Luna para encontrarse con él en secreto.

El problema era que aquel amor no estaba precisamente bien visto.
Diana era una diosa asociada a la naturaleza, la caza y la Luna y, según esta particular versión de la historia, había hecho voto de castidad. Cuando su padre, Zeus, descubrió que estaba enamorada de un mortal, montó en cólera.
Y como en las mejores historias mitológicas, en lugar de hablar tranquilamente con su hija, decidió solucionar el problema por las malas.
Zeus envió al Ave Fénix para que raptara a Endimión y lo mantuviera escondido para siempre, lejos de Diana. El joven pastor quedó así condenado a viajar sobre el ave, mientras Diana no estaba dispuesta a renunciar a él.
La diosa cogió su arco y lanzó sus flechas contra el Fénix para intentar liberar a su amado.

Y es precisamente ese instante de la historia el que podemos contemplar hoy en la Gran Vía.
Una de las flechas parece haber alcanzado la acera. La otra también está grabada en el suelo. Si nos colocamos en el punto adecuado, podemos imaginar perfectamente la trayectoria que conecta las dos esculturas.
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Pero hay una pequeña sorpresa… Aunque la historia parece sacada directamente de un libro de mitología clásica, no es un episodio de la mitología romana tradicional. La relación entre Diana y Endimión, el secuestro del pastor por el Ave Fénix y el enfrentamiento entre Diana y el ave forman parte de una historia creada específicamente para explicar la relación entre estas esculturas. Y esto hace que el lugar sea todavía más curioso: estamos ante una especie de mitología inventada para el Madrid del siglo XXI.
De hecho, la historia mezcla personajes y elementos que sí pertenecen a la tradición clásica con una nueva trama. Diana es la versión romana de la diosa griega Artemisa y está relacionada con la caza y la Luna. Endimión, por su parte, sí aparece en la mitología griega como un hermoso pastor relacionado con la Luna, aunque la historia tradicional es bastante diferente. En las versiones clásicas, la diosa Selene —no Diana— se enamora de él y Zeus no envía ningún Ave Fénix para secuestrarlo.
Por eso, lo que encontramos en la Gran Vía no es exactamente una leyenda romana, sino una nueva historia mitológica construida alrededor de dos esculturas que ya existían.
La Diana Cazadora mide aproximadamente cinco metros de altura y pesa unos 900 kilos. Su autora es Natividad Sánchez Fernández, arquitecta y escultora, que se convirtió en la primera mujer en diseñar una escultura para coronar la Gran Vía madrileña. Un detalle curioso es que utilizó el rostro de una de sus hijas como modelo para crear el rostro de Diana.
El edificio del número 32 también tiene su propia historia. En su parte superior encontramos el Ave Fénix, relacionada con la antigua compañía de seguros “La Unión y el Fénix”, que llegó a tener presencia en distintos edificios de Madrid. La escultura que vemos hoy fue colocada en 1956 y está vinculada al escultor Mariano Benlliure. El edificio había sido reformado ese año y se añadieron dos plantas, además de la escultura que corona actualmente su fachada.