Si has estado alguna vez en Alicante, seguramente hayas visto “La cara del Moro”, está en el monte Benacantil, justo debajo del castillo de Santa Bárbara, y si te fijas un poco puedes distinguir un rostro mirando hacia el mar. La leyenda cuenta que detrás de esa cara hay una historia de amor, dinero y, como suele pasar en este tipo de historias, un final bastante trágico.

Te la cuento:
Tenemos que viajar hasta la época de Al-Ándalus. Según la leyenda, en la ciudad vivía un importante gobernador musulmán que tenía una hija llamada Cántara.
Cántara era joven, guapa y, por lo visto, tenía bastantes pretendientes. Pero hubo dos que destacaron especialmente: Alí y Almanzor. Los dos querían casarse con ella, aunque eran bastante diferentes.
Almanzor era un hombre decidido, ambicioso y con ganas de conseguir riquezas. Alí, en cambio, era mucho más romántico. Le gustaba la poesía, la música y, además, tenía una voz preciosa para cantar.
Como el padre de Cántara tenía que decidir con quién se casaría su hija, se le ocurrió una solución: les propuso una especie de competición, cada uno tendría un año para conseguir todas las riquezas posibles. Cuando terminara el plazo, Cántara se casaría con el que hubiera conseguido la mayor fortuna.
Almanzor se puso manos a la obra inmediatamente. Preparó un barco y se marchó por el Mediterráneo dispuesto a volver con suficientes riquezas para ganar el desafío.
Alí, sin embargo, no quiso marcharse, estaba enamorado de Cántara y no podía imaginarse pasando un año lejos de ella. Así que se quedó en la ciudad.
Y, claro, ocurrió lo que probablemente ya estás imaginando. Mientras Almanzor estaba lejos, Alí y Cántara empezaron a verse a escondidas. Poco a poco, los dos se enamoraron y vivieron juntos unos meses muy felices, a todo esto, el padre de Cántara no sabía nada.
Mientras tanto, el tiempo iba pasando y cada vez quedaba menos para que terminara el plazo.
En la ciudad empezó a correr el rumor de que Almanzor se había casado con una princesa en algún lugar lejano del Mediterráneo. Alí y Cántara pensaron que finalmente podrían estar juntos, pero no tuvieron en cuenta una cosa: Almanzor tenía muy claro lo que quería.
Llegó el día en que terminaba el plazo. Alí y Cántara pensaban que todo estaba solucionado pero, justo ese día, apareció una galera en el horizonte: Almanzor había vuelto y no volvió precisamente con las manos vacías.
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Había conseguido una enorme cantidad de riquezas y llevaba incluso ropas adornadas con piedras preciosas. Había cumplido perfectamente la condición que le había puesto el padre de Cántara.
Pero había otra sorpresa: Era cierto que Almanzor se había casado con una princesa durante su viaje, pero eso no significaba que hubiera renunciado a Cántara. Según la leyenda, podía casarse con varias mujeres, así que seguía queriendo casarse con ella.
El padre de Cántara estaba encantado. Almanzor tenía riquezas, posición y, además, había ganado el desafío.
Cántara, evidentemente, no estaba tan contenta así que intentó convencer a su padre para que cambiara de opinión y le contó que estaba enamorada de Alí. Pero su padre no quiso escucharla, para él, las riquezas de Almanzor eran más importantes.
Y aquí es donde la historia se vuelve bastante trágica.
Cántara, desesperada porque no podía casarse con el hombre que quería, subió hasta lo más alto del castillo y decidió lanzarse al vacío. Alí vio lo que había ocurrido y, completamente desesperado, se lanzó detrás de ella así que los dos murieron…Sí, lo sé, no es precisamente una historia de amor con final feliz.

En el castillo desde donde se tiraron Ali y Cántara la roca misma manifestó su ira contra el gobernador, que siguió los dictados de la avaricia y no los del amor. La tierra se abrió y engulló al egoísta que desde entonces pena en las entrañas del castillo. Su cara quedó reflejada en la montaña. Es la cara del moro que se puede ver en la ladera del castillo de Alicante. Su maldición es ver desde la altura a todos los enamorados de Alicante para que aprenda que el amor es más importante que todas las riquezas.

Si alguna vez visitas Alicante y sientes que alguna presencia extraña te mira ¡alégrate! Seguro que vas con tu amor verdadero y la mirada que notas es la de la cara del moro que desde el castillo envidia tu felicidad.
Después de la muerte de los dos jóvenes, la ciudad habría tomado el nombre de los enamorados: Alí-Cántara que con el paso del tiempo, ese nombre se habría transformado Alicante.
Como te decía al principio, esta es una leyenda y no la explicación histórica del origen del nombre. Pero me parece una historia curiosa y, sobre todo, una de esas leyendas que forman parte de la historia popular de una ciudad.
Expresiones y vocabulario
Ponerse manos a la obra: empezar a hacer algo inmediatamente.
Estar dispuesto a + infinitivo: estar preparado o tener intención de hacer algo.
Verse a escondidas: encontrarse con alguien sin que otras personas lo sepan.
Correr el rumor: empezar a circular una información que no está confirmada.
No tener en cuenta: no considerar algo o no pensar en ello.
Volver con las manos vacías: volver sin haber conseguido lo que se buscaba.
Cambiar de opinión: empezar a pensar de otra manera sobre algo.
No es precisamente…: expresión que se utiliza para decir, normalmente con cierta ironía, que algo no es exactamente como se esperaba.
Seguir los dictados de algo: dejarse llevar o guiar por algo. En el texto, el gobernador sigue los dictados de la avaricia.
Formar parte de: pertenecer a algo o estar incluido en ello.
Pretendiente: persona que quiere casarse o mantener una relación amorosa con alguien.
Riquezas: dinero, bienes u objetos de mucho valor.
Avaricia: deseo excesivo de tener dinero o riquezas.
Ladera: parte inclinada de una montaña.
Engullir: tragar rápidamente; en el texto se utiliza de forma figurada.
Entrañas: parte interior o más profunda de algo.